La casa Winchester es uno de los emplazamientos más temidos y misteriosos de toda la geografía de los Estados Unidos. Entre sus muros alberga leyendas tan peculiares como aterradoras y sus características arquitectónicas van desde lo curioso hasta lo perturbador.

La casa se encuentra en la ciudad de San José, California, y actualmente forma parte del Registro Nacional de Lugares Históricos del estado. Desde 1886 fue la residencia principal de Sarah Lockwood Winchester, empresaria y arquitecta aficionada, que se encargó de construir y modificar indefinidamente la mansión casi hasta su muerte en 1922.

La historia de Sarah Winchester

Sarah Winchester fue la viuda del célebre empresario armamentístico William Wirt Winchester. Él era presidente y tesorero de la Compañía de Armas de Repetición del mismo nombre y falleció en 1881 a causa de la tuberculosis.

Esta compañía fue una de las mayores productoras y proveedoras de armas de repetición y semiautomáticas durante finales del siglo XIX y principios del XX en Estados Unidos. Alcanzó como empresa un cuantioso valor en la época y logró asociar el nombre Winchester a este tipo de armas.

Tras la muerte de su esposo, Sarah heredó una fortuna de 20 millones de dólares, que equivaldrían a más de 500 millones de hoy en día, más el 51% de participación en la compañía. Esto lo convirtió automáticamente en una de las mujeres más ricas del mundo en su momento y decidió invertir parte de su dinero en la excéntrica remodelación de la casa.

La leyenda de la casa Winchester

Según cuenta la leyenda, Sarah decidió acudir a una médium tras sentir en varias ocasiones el asedio de espíritus que la perseguían y atormentaban. Lejos de proporcionarle alguna ayuda o solución, la mujer le avisó de una supuesta maldición por todas las almas de las personas fallecidas a causa de las armas Winchester.

Esta creencia sumió a Sarah en una obsesión profunda y compulsiva por modificar su nueva adquisición en California hasta convertirla en un enorme laberinto. Empezó a construir muros falsos, pasadizos, escaleras que no llevan a ninguna parte, habitaciones ocultas, puertas tapiadas, ventanas interiores y espacios imposibles. La casa experimentó durante décadas deformaciones insólitas e inquietantes, lo suficientemente complejas como para confundir a los fantasmas y así escapar de ellos.

Las características arquitectónicas de la construcción

Después de infinitas modificaciones, la casa alcanzó un tamaño desproporcionado de 24,000 metros cuadrados. Contiene 580 cuartos entre los que 40 son habitaciones. Hay 467 puertas, algunas de ellas de tamaños excesivamente grandes o pequeños, incluso inconexas o tapiadas por otra pared. Pasillos que se estrechan con el paso, estructuras claustrofóbicas carentes de sentido. 6 cocinas y 2 salones de baile. 52 tragaluces, 47 hogueras, 17 chimeneas y más de 10,000 paneles de cristal.

Había habitaciones pequeñas construidas dentro de otras más grandes, balcones y ventanas orientadas al interior de la casa, a patios u otros espacios extraños. En conjunto, un sinfín de laberintos oscuros y bastante aterradores, capaces de confundir no solo a los supuestos fantasmas que perseguían a Sarah sino a cualquier mortal que se atreviera a cruzar sus interminables recovecos.

Visitas guiadas y recorrido virtual

Después de la muerte de Sarah Winchester en 1922 a causa de una insuficiencia cardíaca, la casa se llevó a subasta y se convirtió en atracción turística nacional.

Abrió sus puertas al público en 1923 ofreciendo visitas guiadas por toda la superficie construida. Durante todo este tiempo atrajo a miles de curiosos interesados tanto por las leyendas como por sus peculiares características arquitectónicas.

Actualmente también es posible realizar un recorrido virtual por todas las estancias de la casa Winchester a través de su web oficial, que puso el vídeo tour a disposición de los usuarios de todo el mundo.

Locura o excentricidad obsesiva

Los motivos que llevaron a Sarah Winchester a enfocar su vida en semejantes propósitos nunca serán del todo claros. Ya sea la intención de evadir fantasmas del pasado o satisfacer las necesidades de una mente obsesiva, lo cierto es que Sarah era una mujer bastante ingeniosa y capaz.

Hablaba cuatro idiomas, tocaba varios instrumentos y aunque los diseños arquitectónicos de la casa eran de todo menos funcionales, los hizo ella misma.

Durante mucho tiempo fue tildada como una loca, pero para muchos actuaba con lucidez e inteligencia. Quizá fue el sentimiento de culpa por el significado de su apellido, o la muerte de su esposo y un duelo que nunca pudo superar. Puede que hubiera sucumbido a una obstinación tormentosa y al miedo más profundo alimentado por las múltiples sesiones de espiritismo que realizaba en su mansión y de las que hay registro.

Algunos creen que la complejidad caótica de la casa era una representación física de su mente desesperada o la tortura de sus emociones. La verdad es que nunca lo sabremos. Lo único que queda de esta extraña historia es la casa, uno de los enclaves más raros e inquietantes de la arquitectura en todo el mundo.

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