La Unidad 731 era el centro administrativo del proyecto de guerra biológica más secreto del Ejército Imperial Japonés. Estaba ubicado en la zona rural de Manchuria, un estado títere de Japón, y era conocido por el nombre en clave de Departamento de Prevención de Epidemias y Purificación de Agua. El propósito de la Unidad 731 era, ironicaménte, causar epidemias y ofrecer agua contaminada al enemigo. El Ejército Imperial Japonés estaba luchando en múltiples guerras simultáneas y tenía la obvia necesidad de ganarlas todas. Para hacerlo, recurrió a la guerra biológica.

Esta unidad fue responsable de las torturas y fustigamientos más crueles e inhumanos de la historia. El pasado más oscuro del país del sol naciente, una parte atroz y despiadada de su memoria de la que todavía se sabe muy poco.

Antecedentes y carácteristicas de la Unidad 731

El Protocolo de Ginebra de 1925 prohibió la guerra biológica y química en los conflictos armados internacionales, para evitar consecuencias de la magnitud de la I Guerra Mundial. La rama de gobierno japonés que asistió a la conferencia había firmado el acuerdo. Sin embargo, varios países que aparentemente habían aceptado el Protocolo estaban desarrollando sus propias armas en secreto. Japón no fue la excepción.

Los sujetos de prueba de la Unidad 731 eran criminales, presos políticos, comunistas o civiles, generalmente mujeres embarazadas, niños y ancianos, a quienes se consideraba útiles para los experimentos y se les acusaba de cargos falsos para conseguir su traslado.

El setenta por ciento de estas víctimas eran de China. El otro treinta, procedía de Corea, Mongolia, Rusia o incluso eran prisioneros de guerra aliados. Los investigadores los llamaron marutas o troncos, ya que a los manchurianos locales se les dijo que la instalación era un aserradero. Los hallazgos de la investigación descubiertos en la Unidad 731 se publicaron ocasionalmente en revistas científicas, donde los artículos afirmaban que los experimentos se habían realizado en monos manchurianos.

Los experimentos inhumanos del ejército nipón

Uno de los experimentos más comunes y espantosos en la Unidad 731 fue la vivisección de cuerpos enfermos. Los investigadores desarrollaron cepas de enfermedades muy virulentas al infectar a prisioneros, generalmente inyectándoles vacunas o alimentándolos con comida contaminada. Después de matar a los enfermos que se recuperaban rápidamente, inyectaban las bacterias y virus más potentes a la próxima «generación» de víctimas.

Algunos investigadores pretendían estudiar la progresión natural de la enfermedad y encerraban a los prisioneros en jaulas junto con ratones y pulgas infestadas de peste, para ver así cuánto tiempo les llevaría infectarse. Luego, los prisioneros eran diseccionados en vida para evaluar finalmente cómo la enfermedad afectaba a los órganos vivos.

Estos salvajes procedimientos se realizaban sin anestesia, para garantizar resultados libres de cualquier factor externo. Las vivisecciones también se realizaban comúnmente en mujeres embarazadas a causa de violaciones en muchos de los casos.

Experimentos de la Unidad 731

Los ensayos con sífilis de la Unidad 731

Los japoneses estaban especialmente interesados ​​en los embarazos de mujeres con sífilis. El ejército nipón estaba luchando para combatir esta enfermedad que se extendía entre sus soldados, probablemente debido al abuso de civiles.

Al principio, los investigadores trataron de inyectar a los prisioneros con la bacteria, pero al ver que esto arrojó pocos resultados, recurrieron cruelmente a la violación. Encerraron a dos prisioneros, uno de ellos infectado, en una habitación junto con guardias armados y los obligaron a tener relaciones sexuales entre ellos. Una vez que la pareja contrajo la enfermedad, los inspeccionaban periódicamente para ver la progresión de la misma.

Desgraciadamente esta atrocidad no terminaba ahí, ya que de nuevo realizaban vivisecciones para analizar los estragos de la sífilis en los órganos y, en el caso de las embarazadas, en el bebé.

Estudios para lidiar con la congelación

Los investigadores de la Unidad 731 también experimentaron con métodos para lidiar con la congelación. Para ello llevaban a varios prisioneros a un clima helado, a veces los sumergían en agua primero, y los dejaban allí hasta que se congelaban sus extremidades.

Habilitaban corrientes artificiales de aire frío para acelerar este proceso, que se consideraría pleno si al recibir un golpe emitía un sonido similar al de una tabla de madera.

En algunos casos, los prisioneros se descongelaban y sus brazos y piernas se gangrenaban hasta la putrefacción. Por lo general, las víctimas se sumergían en agua a varias temperaturas para ver cuál de ellas combatía la congelación más rápido. Es a partir de estas pruebas de la Unidad 731 que el mundo conoce la forma más efectiva de lidiar con este fenómeno.

Efectos de la congelación

El desarrollo de armas biológicas

Aunque el ejército realizó experimentos en todas estas áreas, el principal objetivo de investigación de la Unidad 731 era desarrollar las armas de guerra biológicas más efectivas.

Para lograr este fin, los japoneses llevaron a los prisioneros a un campo de pruebas llamado Anda. Un lugar donde azotaban y sofocaban a los presos con gas venenoso y bombas infestadas de peste. Allí probaban el funcionamiento de varias armas, el rango efectivo de lanzallamas, armas químicas y otras bombas, incluidas las bacteriológicas.

La Unidad 731 ayudó a desarrollar bombas de globo, que a su vez fueron enviadas a Estados Unidos con el objetivo de causar destrucción y terror. Solo unas pocas llegaron a su destino, aunque los medios de comunicación americanos no informaron al respecto por temor a causar histeria colectiva. Hubo al menos siete víctimas estadounidenses verificadas.

El atentado del que nadie se enteró

La Unidad 731 también fue instrumental en la planificación de una operación del ejército que nunca se llevó a cabo, Cherry Blossoms at Night. Una maniobra que consistía en infectar a San Diego con la peste bubónica, utilizando pilotos kamikaze.

Esta operación fue interceptada por la captura de Hideki Tojo, un hombre que Estados Unidos interrogó y ejecutó por sus crímenes de guerra. Poco más tarde, la rendición japonesa en agosto de 1945 terminó por fraguar las pretensiones de esta maniobra que había sido planeada para ejecutar en septiembre.

Sin embargo, China no tuvo tanta suerte. Recibió el impacto de bombas y aerosoles con enfermedades como la peste bubónica, cólera y ántrax. Tras estos ataques, se notificaron brotes de enfermedad en varias zonas del centro y este del país. En total, se estima la muerte de entre trescientos y cuatrocientos mil chinos como consecuencia de esta guerra biológica.

La crueldad ilimitada de la Unidad 731

Además de toda esta serie de barbaries, la Unidad 731 superó todos sus límites de crueldad con la realización de otros experimentos de los que casi no se sabe nada.

Algunos de ellos consistían en inyectar sangre y orina de animales a los prisioneros, introducirlos en centrifugadoras y hacerlos girar hasta la muerte o encerrarlos en cámaras de presión. Según los historiadores, alrededor de unas 3,000 personas murieron a causa de las torturas que sufrieron allí.

Las consecuencias de la Unidad 731

Después de la guerra, el gobierno estadounidense ayudó a encubrir muchas de las atrocidades cometidas por el ejército japonés durante la guerra. Los autores intelectuales recibieron inmunidad durante los Juicios de Tokio a cambio de entregar los datos que existían en los experimentos.

La Unidad 731

Muchos de los afiliados a la Unidad 731 disfrutaron de largas e ilustres carreras médicas. Tres investigadores involucrados se convirtieron en presidente de la Asociación Médica de Japón, otro jefe del Comité Olímpico de Japón y por último, Gobernador de Tokio.

En abril de 2018, se hizo pública una lista casi completa de las 3,607 personas que trabajaban ahí. Katsuo Nishiyama, profesor emérito de la Universidad de Ciencias Médicas de Shiga, ha intentado usar la lista para declarar ilegítimos los títulos universitarios de múltiples oficiales de la Unidad 731.

Parece probable que los experimentos realizados por la mayoría de ellos se realizaron en prisioneros de dicho escuadrón, en lugar de en animales como habían afirmado. Muchos esperan que el lanzamiento de esta lista sea un paso en firme para la condena por las atrocidades de guerra, tratando de redimir los antiguos pecados del país oriental.

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