El 14 de abril de 1865, el entonces presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln, fue asesinado de un disparo en la cabeza en el Ford’s Opera House de Washington. Aquel fatídico día en la historia del país norteamericano fue también el inicio del fin para uno de los presentes en la violenta escena, Henry Rathbone. Un oficial militar y diplomático que intentó salvar a Lincoln sin éxito, cayendo después en la locura más abyecta y vil, perseguido por su fracaso y su propia frustración.

Los intentos de Henry Rathbone por salvar a Lincoln

El día de autos, Rathbone aceptó la invitación del presidente para asistir al teatro con su prometida, Clara Harris. El encuentro no dejó de ser casualidad, al haberse extendido primero esta invitación a otros contactos que la rechazaron.

Durante la obra, el actor John Wilkes Booth irrumpió súbitamente en el palco presidencial y disparó por la espalda a Abraham Lincoln con una pistola Derringer. Rathbone trató de sujetar al asesino, forcejeando con él para reducirlo, pero Booth le cortó el brazo izquierdo con una daga, desde el codo hasta el hombro. En su intento por huir, el homicida saltó por encima del barandal del palco hacia el escenario, y Rathbone, resistiéndose todavía a pesar de sus heridas, pudo incorporarse y agarró la capa de Booth entorpeciendo su caída.

Booth se desplomó en el suelo, rompiéndose el peroné por encima del tobillo. Y aunque logró escapar por doce días, el Ejército de La Unión lo aprehendió y lo abatió finalmente.

Abraham Lincoln murió en las primeras horas del 15 de abril. Henry Rathbone sobrevivió tras varios días de recuperación. El corte le había seccionado la arteria y había perdido mucha sangre. Pero mientras su salud física se estaba restaurando, su estado mental comenzó a deteriorarse irremediablemente.

Ilustración del asesinato de Abrahamn Lincoln, con el presidente, su esposa, Henry Rathbone y su prometida
Ilustración del asesinato de Abrahamn Lincoln, con el presidente, su esposa Mary Todd Lincoln, Henry Rathbone y su prometida Clara Harris
Fuente de la imagen: 20 Minutos

La decadencia y ocaso del héroe frustrado

Henry Rathbone cayó en una profunda depresión atormentado por el sentimiento de culpa, por su incapacidad por evitar el magnicidio, por no haber atrapado al asesino y por haber sobrevivido.

La depresión pronto se convirtió en martirio y tortura, una angustia insoportable que lo llevó a la demencia y al enloquecimiento.

Dos años después del suceso se casó con su prometida y tuvieron tres hijos. Una relación que permanecería para siempre bajo el yugo de su inestabilidad mental y emocional. En 1970 renunció al ejército consciente de sus incapacidades y sus relaciones familiares comenzaron a resquebrajarse a raíz de sus celos, su inseguridad y su paranoia.

Pese a estas condiciones, el presidente Alan Arthur lo nombró cónsul en 1882 en la ciudad de Hannover, Alemania. Allí trasladó su residencia junto a su familia.

El 23 de diciembre de 1883 los atacó sumido en la locura y la violencia. Disparó y apuñaló a su esposa mientras protegía a los niños y después se apuñaló a sí mismo cinco veces en el pecho en un fallido intento de suicidio.

Rathbone fue acusado de asesinado y declarado demente. En su defensa, repetía incansablemente que había personas escondidas detrás de los cuadros de su casa. Que alguien trataba de matarlo a través de las paredes. Las autoridades alemanas lo internaron en un asilo para criminales dementes en Hildesheim hasta el día de su muerte, el 14 de agosto de 1911. Fue enterrado junto a los restos de su esposa.

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