Entre los siglos XIV y XVI d.C. existía la leyenda entre la población azteca acerca de una terrible criatura que atemorizaba a los pescadores del lago que rodeaba la gran Tenochtitlán. Se decía que el llanto de un bebé traía consigo la muerte para quien se acercase a ver de dónde provenía. Muchos hombres y mujeres aparecían parcialmente devorados o ahogados en el agua. Algunos afirmaban que los incautos, tras acercarse a los llantos de un menor al que creían en peligro, eran atacados por un ser que tenía forma de coyote con pelo corto, orejas puntiagudas, y una cola negra con una mano de simio. Todos lo llamaban el Ahuízotl. Atl, que significa «agua», y Huiztli, que significa «espina» en náhuatl.

Esta criatura se deleitaba comiendo las partes más crujientes de los cuerpos, dientes, cráneo y uñas, además de los ojos. Según la leyenda, la bestia los arrancaba de sus víctimas para que no pudieran ver su camino al inframundo después de muertos.

La violencia atroz del Ahuízotl

Las historias contaban que el Ahuízotl era audaz y cruelmente inteligente. Imitaba sonidos de un bebé para atraer a sus presas, o el movimiento de los peces para confundir a los pescadores. Una vez los tenía cerca, los capturaba fuertemente por el cuello con la mano que emergía de su cola, hundiéndolos en el fondo del lago. Atacándolos con violencia, mordiéndolos y desgarrándolos, las víctimas morían lentamente a causa del desangre o el ahogamiento. Lo que sucediera primero.

El Ahuízotl vivía en las cuevas subterráneas del lago y se resguardaba entre los espesos follajes de su alrededor. Atacaba por las noches, escondiéndose en la oscuridad y planeando su maquiavélico engaño.

Representación artística del Ahuízotl
Representación artística del Ahuízotl
Fuente de la imagen: Historia y Genealogía

No solo asesinaba por hambre o por su naturaleza depredadora, sino por ser uno de los sirvientes de Tláloc, el dios de la lluvia. Según las creencias aztecas, las víctimas halladas flotando en las orillas del lago recibían un entierro dedicado a Tláloc para que su alma descansase en el Tlalocan, la imponente morada del dios y sus sirvientes. Por su carácter semidivino, los indígenas consideraban que morir a manos de Ahuízotl era algo sagrado, digno de nobles y afortunados, a pesar del terrible horror que suponía.

Las teorías detrás de la leyenda

Para darle sentido a la leyenda, se cree que tal vez fue una nutria quien dio origen a esta criatura fantástica. Los españoles la encontraban extrañas, al no haberlas visto nunca, al igual que muchas de las costumbres de esta cultura que eran incomprensibles para ellos.

Los mitos aztecas y las criaturas que formaban parte de sus historias, como los demonios que destruían el mundo en cada eclipse, eran fascinantes. Muestra de la gran imaginación que reinaba entre un pueblo exótico, contradictorio y ancestral. Desde que salieron de la mítica ciudad de Aztlán, el destino de los aztecas estaba sellado por una serie de tragedias que culminaron con su caída en la Conquista.

Si alguna vez te encuentras paseando por la orilla de un lago en algún lugar de México y a lo lejos escuchas a un bebé llorar, aléjate inmediatamente. Nunca se sabe si los dioses prehispánicos reclamarán su lugar de nuevo a manos del Ahuízotl.

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