El 18 de noviembre de 1978, una comunidad de 918 personas perdieron la vida bajo las indicaciones y el liderazgo del pastor James Warren Jones, conocido como Jim Jones. El suceso, ocurrido en Guyana, al noroeste de Sudamérica, fue identificado por los medios como el mayor suicidio colectivo de la historia. Fue el final de un proyecto llamado informalmente Jonestown, una comunidad socialista autodenominada el Templo del Pueblo que se convirtió en secta apocalíptica y en una de las mayores tragedias en el continente.

Sin embargo, el caso de Jonestown no solo se recuerda como un terrible siniestro, sino como un crimen. Son muchos los testimonios y las sospechas que apuntan a que, lejos de haber sido un suicidio colectivo, pudo haberse tratado de un asesinato en masa.

Jim Jones y la secta el Templo del Pueblo

Todo comenzó en los años 50, cuando Jim Jones fundó el Templo del Pueblo como una agrupación religiosa secreta en Indianápolis, Indiana. Su primera intención con esta comunidad era perseguir el ideal socialista y la integración racial.

La figura de Jim Jones fue clave en toda esta historia. Se crió en un ambiente de fundamentalismo cristiano con fuertes y extremistas doctrinas políticas derivadas de la I Guerra Mundial. Su vocación de predicador se fue perfilando con el tiempo de forma paralela a su ideario socialista, que pronto lo convirtió en un comunista comprometido. Él mismo se proclamó simpatizante de la Unión Soviética y de Stalin, y bautizó sus ideas como socialismo religioso o socialismo apostólico.

Sus persuasivas habilidades como orador y sus discursos por la justicia le ayudaron a acumular rápidamente muchos seguidores y adeptos. La afinidad que sentían los miembros de la comunidad por él tardó muy poco en transformarse en fascinación, lealtad, fanatismo e idolatría.

La fundación de Jonestown

Después de unos años, el Templo del Pueblo contaba ya con 140 seguidores. Jim Jones decidió trasladarse con todos ellos a California, creyendo huir de los posibles ataques nucleares que podría recibir entonces Estados Unidos. Tras algunos problemas legales, investigaciones, escándalos y unos cuantos altibajos, el pastor desplazó a todo el grupo a Guyana en 1975, creando la comunidad utópica de Jonestown. Sus estrategias de afiliación y convencimiento aumentaron súbitamente su popularidad y, para el año 1977, la secta ya contaba con más de 900 miembros.

En palabras de él mismo, Jonestown era un paraíso socialista con equidad económica y racial. Construyeron edificios y granjas comunitarias de las que sustraían la mayoría de recursos y suministros. Consiguieron incluso acuerdos comerciales con la capital del país, Georgetown, que complementó su capacidad de autosuficiencia.

Uno de los accesos a Jonestown
Uno de los accesos a Jonestown
Fuente de la imagen: El Confidencial

Las noches blancas de Jonestown

Aunque con bastantes tintes de radicalismo y exacerbación peligrosa, la historia evolucionó sosegada hasta este punto. Pero pronto comenzó a torcerse.

Según las investigaciones del FBI, la fantasía de Jones no tardó mucho en pervertirse. El pastor comenzó a tener un comportamiento errático y extraño. Muy celoso y protector con su comunidad y hasta con ciertos delirios paranoides y persecutorios.

A razón de los informes de los federales, Jim Jones había creado unas jornadas llamadas «las noches blancas». Una especie de ceremonias en las que acusaba supuestas amenazas de la CIA y el capitalismo contra el Templo del Pueblo y en las que se simulaban suicidios con diversas sustancias nocivas.

A través de discursos de miedo y alta sugestión, Jones ofrecía, por lo visto, cuatro opciones a sus adeptos. Cada cual más inverosímil. La primera, huir del capitalismo a la Unión Soviética. La segunda, cometer un «suicidio revolucionario» transformándolo en mensaje o declaración. La tercera, quedarse en Jonestown para luchar contra «el enemigo». Y la cuarta, huir a la selva.

El asesinato del congresista Leo Ryan

La enajenación de Jim Jones aumentó en 1978 con el anuncio de la visita del congresista Leo Ryan a Jonestown, tras hacerse públicas varias denuncias de abusos en la comunidad. Ante esta situación, el líder de la secta reforzó y radicalizó aún más su alegato, hasta el punto de llegar a la violencia.

Ryan visitó la comunidad el 18 de noviembre del mismo año, e invitó a quien quisiera a acompañarlo en su salida, enviándolos de regreso a Estados Unidos. Catorce miembros del Templo del Pueblo aceptaron, y emprendieron su viaje de vuelta con el congresista y tres periodistas. Durante el trayecto, varios de los fieles, que estaban armados, dispararon contra ellos y contra el avión que los esperaba. Tanto Ryan como los periodistas murieron en el acto, junto a un miembro de la comunidad.

Una de las impactantes imágenes del suceso, con los cuerpos de los fallecidos
Una de las impactantes imágenes del suceso, con los cuerpos de los fallecidos
Fuente de la imagen: BBC

El mayor suicidio colectivo de la historia

Pocas horas después del suceso, Jim Jones reunió a todo el poblado reiterando sus sermones de odio y paranoia, buscando la revolución. Las investigaciones recopilan algunas grabaciones de sus discursos en los que de forma delirante clama por poner fin a su disparatada alucinación.

«Por el amor de Dios, ha llegado el momento de terminar con esto […]. Hemos obtenido todo lo que hemos querido de este mundo. Hemos tenido una buena vida y hemos sido amados […]. Acabemos con esto ya. Acabemos con esta agonía«.

En aquel momento, el personal de Jonestown distribuyó diversos frascos con cianuro a todos los presentes. Adultos, niños y bebés. Todos lo bebieron.

913 personas murieron aquella tarde en las instalaciones y los alrededores de Jonestown en el considerado mayor suicidio colectivo de la historia.

Jones, quien consideró el suceso no como un suicidio, sino como un «acto revolucionario», apareció muerto a causa de una herida de bala en la cabeza. No se sabe si auto infligida, o tras dar la orden a una tercera persona.

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