Muchos de los que fueron niños en la década de los 80 y 90 podrán recordar aquella melodía introductoria de la mítica serie de televisión Érase una vez… la vida.

Como parte de la franquicia audiovisual Érase una vez…, este programa es una muestra de la calidad de la programación de entonces. Algo que quizá y lamentablemente se ha perdido en los últimos años.

Érase una vez… era un conjunto de series de animación con enormes fundamentos didácticos y divulgativos. Con un claro enfoque en el público infantil, trataba de presentar información sobre historia y ciencia desde el ingenio, la diversión y el entretenimiento.

Sin duda, una de las mejores producciones de la época, que todavía hoy mantendría su éxito y su objetivo de aprendizaje, si se siguiese emitiendo en las televisiones públicas del mundo.

Intro de la serie Érase una vez… la vida, emitida por La 2 de Televisión Española

El origen de Érase una vez…

La franquicia Érase una vez… fue creada en Francia por el cineasta Albert Barillé y su productora televisiva Procidis.

La primera de las series comenzó su emisión a finales de los años 70 y fue co-producida con otras entidades internacionales como Canal+ de Francia, Radiotelevisión Española, Société Radio-Canada, entre otras.

Barillé nació en Varsovia, Polonia, en el año 1920. Fue guionista de dibujos animados y, tras fundar su propia productora, enfocó su trabajo a la educación y los documentales. Además de las series de esta franquicia, produjo varios reportajes médicos y alguna obra de teatro.

Con Érase una vez… trató de fusionar el conocimiento, la cultura, la tolerancia, la aventura y el entretenimiento de los más jóvenes. Un objetivo claramente alcanzado, logrando impactar a más de una generación en la audiencia de Europa y de otros países del mundo.

Las series didácticas de la franquicia

Probablemente la serie más conocida sea Érase una vez… la vida, también llamada Érase una vez… el cuerpo humano. Pero lo cierto es que la franquicia repasaba muchos otros temas didácticos, desde la historia hasta la ciencia y el arte.

El resto de títulos del programa son Érase una vez… el hombre, el espacio, las Américas, los inventores, los exploradores, la ciencia, la música y nuestra tierra.

Desde 1978 hasta 2008 se siguieron produciendo capítulos de la serie, aunque las dos últimas solo fueron distribuidas en España y Francia.

Érase una vez… la vida, la mejor animación de televisión sobre biología

Muchos consideran esta producción como la mejor animación televisiva para que los niños aprendan sobre biología y el cuerpo humano.

La serie explica de forma simple y divertida varias características y funciones de la anatomía, como la oxigenación de la sangre o la cicatrización de una herida.

Entre consejos saludables y ejemplos cotidianos, la animación mostraba el funcionamiento de los órganos y las células a través de personajes que desempeñaban su trabajo. La serie presentaba a los protagonistas de la anatomía de un modo fácilmente identificable para los niños. Los glóbulos rojos cargaban a la espalda las burbujas de oxígeno para transportarlas por las venas. Las células oculares llevaban gafas. Los virus eran gusanos feos y desagradables. Los glóbulos blancos eran policías armados, y así consecutivamente.

Glóbulos blancos luchando contra virus en Érase una vez... la vida
Glóbulos blancos luchando contra virus en Érase una vez… la vida

En definitiva, podíamos viajar al interior del cuerpo humano y vivir toda una interacción biológica en un escenario dispuesto para aprender.

La calidad de la televisión educativa hoy en día

La influencia de esta producción fue tal, que parte de la audiencia todavía imagina de aquel modo los componentes anatómicos más de 30 años después.

A día de hoy cuesta pensar que una serie animada aporte tanto en la educación de los niños. Donde la televisión pasó por tantas transiciones y transformaciones, cada vez es más difícil encontrar contenido de calidad para los más pequeños, más allá del «cerca-lejos» o de «dónde está el mapa, querida Dora». Quizá sea esta una interesante reflexión para los que entonces fueron niños y ahora son padres. Nunca sería mal momento de rescatar estas increíbles producciones, en las que el valor social y educativo es el objetivo último.

Después de todo y aunque cada vez estemos más rodeados de tecnología y dispositivos, la televisión todavía forma parte de nuestras vidas. Y cualquier pantalla puede abrirnos puertas al conocimiento, a la ciencia y al saber. Aunque muchos pareciera que buscan idiotizarse, tenemos al alcance de la mano un sinfín de cultura que, aunque alguna cumpla ya treinta años, siempre merecerá la pena ver.

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