Según los antiguos griegos, Typhon o Tifón fue el último hijo de Gaia, la madre tierra y la primera gran diosa que ayudó a nutrir la vida del universo. Al principio, Gaia estaba casada con Urano, el gobernante de todos los cielos. Juntos tuvieron una gran decendencia, entre ella los titanes con los que los dioses olímpicos enfrentarían una gran batalla de la Titanomaquia. En esta pelea, los olímpicos salieron triunfantes y, siendo liderados por Zeus, desterraron a sus enemigos al Tártaro, una prisión ancestral. En la desesperación del encierro, Gaia creó a Typhon para vengarse de Zeus. Un monstruo majestuoso de cien cabezas de dragón que alcanzaban las estrellas y cien brazos que se extendían a lo largo y ancho del planeta. Según el mito, Typhon tenía enormes alas y podía escupir fuego. Su objetivo era asesinar al lider de los dioses y restaurar el gobierno de los titanes. Fue la criatura de la Antigüedad que inspiró más miedo y también la más difícil de vencer.

El primer enfrentamiento

Cuenta la leyenda que Zeus, al enterarse de la existencia de Typhon, intentó anticiparse y trató de esconder sus rayos en una cueva. Pero no tuvo en cuenta que producían mucho humo y esto permitió que la criatura lo atrapara rápidamente. El monstruo robó los rayos y asaltó el Olimpo obligando a huir a todos los dioses.

Zeus trató de reinvindicarse y arremetió contra Typhon, pero sin sus armas fue vencido fácilmente. La criatura arrancó los tendones de las piernas del dios, dejándolo prácticamente indefenso. Los olímpicos habían perdido por primera vez una batalla, pero aún permanecían los mortales. Entre ellos, Cadmo, el primero de los grandes héroes de la Antigua Grecia, y el dios del bosque, Pan, dieron un paso al frente. Juntos urdieron un plan para rescatar a Zeus y salvar el universo.

El plan del gran héroe de Grecia

Cadmo se disfrazó de pastor y tocó la flauta de Pan lo más fuerte que pudo. Al escucharlo, Typhon partió en su búsqueda, no sin antes dejarle los rayos a cargo de Gaia. El monstruo estaba conmovido con la música, por lo que desafió al pastor a un concurso. Como premio, la elección de una diosa como esposa. El mortal debía tocar la flauta de junco de Pan, mientras que Typhon un gran cuerno rugiente que había creado con las nubes.

Cadmo respondió que su flauta no era suficiente y que para una competencia real debería tocar la lira. Pero no tenía cuerdas con los que ensartar una.

Ilustración de Typhon
Ilustración de Typhon
Fuente de la imagen: Pinterest

Typhon estaba tan hechizado que fue a buscar los tendones de Zeus para escuchar más sinfonías. Mientras el monstruo estaba distraído, Zeus se arrastró hacia los rayos para robárselos.

Cuando Cadmo dejó de tocar la flauta, Typhon se dio cuenta de que lo habían engañado. Corrió hacia donde había escondido los rayos y se enfureció al descubrir que ya no estaban. Envuelto en ira, arrasó la tierra, quemó los bosques y mató a la mayoría de los animales. Los mares y los ríos se evaporaron y la tierra fértil se redujo a polvo y arena.

Su alboroto duró toda la noche y, mientras tanto, Zeus esperaba sus tendones de vuelta para recuperar su trono. Cuando llegó el amanecer, el dios del rayo lanzó un grito de batalla que se escuchó en todo el mundo.

El triunfo de Zeus sobre Typhon

Typhon corrió a enfrentarlo, le arrojó piedras gigantes que formaban montañas, pero los rayos de Zeus las rompían y desgajaban. La criatura seguía intentando lastimar al dios con todo lo que se encontraba, pero Zeus lo esquivaba todo.

Mientras la batalla se desarrollaba, Zeus usó fragmentos de aire helado para cortar las cien manos del monstruo, una por una. Otras las quemó con un rayo y también muchas de sus cabezas. Los vientos se unieron a la lucha, lanzando a Typhon proyectiles de granizo congelado.

Zeus derribó al gran gigante lentamente hasta que cayó, quemado y congelado. El dios se burló de su desgracia y, en venganza por su levantamiento, lo enterró bajo las colinas de Sicilia.

Después de su victoria, Zeus aseguró su trono en el Olimpo. Los dioses regresaron a casa y nunca más se enfrentaron a una amenaza tan devastadora para su gobierno. Gaia perdió toda esperanza de recuperar su antiguo poder y quedó encerrada en el Tártaro para siempre.

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