Llevo algo más de cinco años viviendo entre España y México, con al menos uno o dos vuelos anuales entre medias y anécdotas de aeropuertos para escribir un libro.

No voy a decir que no me divierta la vorágine de los aeropuertos. La muchedumbre ensimismada corriendo de un lado a otro arrastrando su tortura en forma de maleta, con los billetes en la mano y la cabeza en ninguna parte. Y los que no van inmersos en la ansiedad de la hora punta es porque están haciendo escala.

Una vez hice una escala de más de 6 horas en Barajas, Madrid. La verdad es que no es de las peores, más o menos soportable, y la usé para observar. Qué ironía tan conveniente: mientras se esperan los traslados más rápidos del mundo parece que se pausa un poco la vida hasta continuarse al llegar al destino.

En este tiempo me tocó pisar suelo de aeropuertos en Europa, Norteamérica y Latinoamérica, desde pequeños y locales hasta los más transitados a nivel internacional, donde la vorágine a la que refiero líneas arriba es otra cosa. Otro mundo. Pero en todos ellos he visto lo mismo.

Todos estamos ahí con el mismo objetivo: subirnos a un avión que nos lleve a alguna parte. Ya sea viaje de ida o de vuelta, de vacaciones o de trabajo, con los amigos o con uno mismo. Para ir de visita o para encontrarnos. Para ir a perdernos o para conocer algún lugar nuevo.

En ese contexto de espera y paciencia me puse a pensar en la casualidad. Dura un momento, un instante que pueden ser horas de escala sentados en un café o menos de un segundo cruzando una pasarela. Y ahí nos encontramos todos, en un mismo lugar, en un mismo punto del espacio-tiempo. Lo más probable es que nunca volvamos a coincidir con esas personas, nunca más. Y la escena pasa a ser un lugar donde convergen cientos de vidas e historias que inician y terminan en lados opuestos del planeta, pero se encuentran de forma aleatoria y fortuita durante un instante breve.

Es…, poético.

Como una descripción demasiado perfecta de toda una vida. Un pequeñísimo ejemplo de lo que hacemos todos nuestros años, como una gota de sangre muestra que se analiza para conocer el hematocrito del sistema circulatorio.

Son casualidades, causalidades, quizá puntos de inflexión que pudieran abrir nuevas líneas del tiempo en un multiverso. Oportunidades de nuevas decisiones por tomar, cosas que pasan después. O nada más que momentos de estrés o aburrimiento en un aeropuerto.

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