La mitología griega considera que, después de la muerte, el alma de las personas viaja al Inframundo. Allí les recibe un balsero llamado Caronte, quien les cobra 2 monedas de plata por cruzarlos a través del rio de fuego, el Estigia. Este lugar se describe como un espacio en penumbras, sin Sol, situado en lo más profundo de la Tierra. O tal vez en los límites del océano. Según el mito, su entrada se encuentra en la Cueva de la Sibila.

El Inframundo o el Infierno para las almas condenadas

Para los cristianos, el equivalente al Hades sería el Infierno. Ambos lugares se consideran la contraparte oscura de un reino brillante y sagrado donde gobiernan los dioses. Y también en ambos casos varias personas se han aventurado a buscar su legendaria entrada a lo largo de la historia.

En la década de 1960, el doctor británico Robert Paget trabajaba cerca de una base aérea de la OTAN y vivía en la antigua ciudad romana de Bayas. Dedicaba su tiempo libre a realizar excavaciones como arqueólogo aficionado. Y la Cueva de la Sibila, un sitio referido por el escritor Virgilio y otros autores clásicos, era uno de los enclaves que más le intrigaban.

El mito de la Cueva de la Sibila

El mito de la Cueva de la Sibila dice que está habitada por una pitonisa que alguna vez pactó con el dios Apolo. Cuando todavía era muy joven, la mujer prometió al dios su virginidad a cambio de que le diera tantos años de vida como partículas hay en un montón de polvo. Sin sospechar que estaba ante una deidad engañosa, la mujer jamás especificó que anhelaba pasar todos esos años sin envejecer.

Así, la Sibila (que significa «profetisa» en griego) vivió casi eternamente condenada a la decrepitud. Durante años infinitos se ocultó en la cueva, donde perfeccionó el arte de adivinar el futuro y, además, se ocultaba una entrada al Inframundo.

Cueva de la Sibila
Fuente de la imagen: El País

Los sulfurosos Campos Flégreos

Durante mucho tiempo corrió el rumor de que los Campos Flégreos, en la costa norte de la Bahía de Nápoles, albergaban la misteriosa Cueva de la Sibila. Como se ubican justo encima de una cámara de magma colapsada en un volcán activo, el recinto posee una atmósfera infernal. Es extremadamente árido y caliente, repleto de grietas, gases sulfurosos y fuego.

Cerca de este lugar, Paget y un pequeño grupo de voluntarios excavaron lo que resultó ser un sorprendente sistema de túneles a lo largo de toda una década. Rápidamente descubrieron que los túneles de este lugar se construyeron con algún fin ceremonial. Se toparon con un diseño complejo cuya orientación coincidía con la del solsticio de verano.

La Cueva de la Sibila y el río Estigia bajo los Campos Flégreos

Lo más sorprendente de este lugar, en lo más profundo del sistema de túneles, fue el flujo subterráneo de agua caliente que alcanzaba casi el punto de ebullición en ciertas zonas. Con una nube sulfurosa sobre la superficie, aquel paisaje evocaba las clásicas descripciones del río Estigia.

Siguiendo el caudal del río, a través del aire pesado y apestoso, Paget y compañía localizaron un paso ascendente que daba a una antecámara. El doctor describió este lugar como un «santuario escondido«. Desde allí, otros pasillos y escaleras ocultas conducían a otros destinos. En todo el laberinto, los corredores estaban bloqueados por rocas y escombro, por lo que resultó imposible estimar su verdadera extensión.

Finalmente, concluyeron que los túneles de Bayas resultaban extremadamente complejos. Una vez llegado a este punto, Piaget no quiso regresar a la cueva y se negó a hablar de sus hallazgos hasta el último de sus días, dejando todo como un completo enigma.

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