El «nudo gordiano» es una expresión conocida en distintos paises alrededor del mundo, usada para describir un problema complejo o irresoluble. El término se acuñó en la Grecia Antigua y se remonta a un capítulo legendario de la vida del famoso conquistador Alejandro Magno. Este nudo realmente existió y su leyenda sigue viva hasta el día de hoy.

Gordias, rey de Frigia

En la Antigüedad hubo un reino llamado Frigia en lo que hoy es Turquía. El rey había muerto sin sucesor, por lo que el pueblo acudió al oráculo de los dioses para pedir consejo y guía. La pitonisa declaró que el próximo hombre que entrara en la ciudad conduciendo una carreta de bueyes debería ser nombrado rey, y cuando Gordias, un campesino, apareció con tal descripción, la gente de Frigia lo eligió como soberano. Para mostrar su gratitud a los dioses, Gordias colocó el carro de bueyes en un templo, atándolo a un pilar con un nudo bastante intrincado. La ciudad pasó a llamarse Gordium en su honor.

A lo largo de los años, se contaron muchas historias sobre el carro de bueyes y el «nudo gordiano» que lo ataba al templo. Se creía que el hombre que pudiera deshacerlo gobernaría todas las tierras del este. Muchos hombres llegaron a Gordium para intentar desatarlo pero ninguno lo lograba. Con el tiempo, el nudo se volvía más apretado y fuerte.

Representación de Alejandro Magno y el nudo gordiano
Representación de Alejandro Magno y el nudo gordiano
Fuente de la imagen: La Brújula Verde

Alejandro Magno y el nudo gordiano

Según el antiguo cronista Arriano, el impetuoso Alejandro Magno fue preso de un ardiente deseo por desatar el nudo gordiano. Tras varios intentos por deshacerlo sin éxito, se apartó de la maraña de cuerdas y proclamó: «Realmente no importa cómo se suelte pero tiene que soltarse«. Luego, sacó su espada y lo cortó por la mitad de un solo golpe.

Otra versión de la leyenda cuenta que logró aflojarlo con un eje que lo atravesaba. En cualquier caso, Alejandro fue el único en alcanzar tal hazaña. Esa misma noche, Gordium se estremeció por una tormenta de truenos y relámpagos que el líder y sus hombres tomaron como una señal de los dioses complacidos. Fiel a la profecía, Alejandro Magno se convirtió en el mayor conquistador de la historia, apoderándose de Egipto y grandes extensiones de Asia antes de morir a los 32 años.

Según la fábula de Alejandro, el concepto de «nudo gordiano» ha entrado en el léxico como apelativo de un obstáculo complejo e infranqueable. Una de sus primeras menciones consta en la obra de Shakespeare Enrique V, donde el protagonista es elogiado por su capacidad para «desatar» los nudos gordianos de la política. El dicho «cortando el nudo gordiano» se usa comúnmente para describir una solución creativa a un problema aparentemente insuperable.

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