La I Guerra Mundial fue uno de los enfrentamientos más violentos, mortíferos y desgastantes que vivió la humanidad en toda su historia. El uso por primera vez de determinadas estrategias de armamento, artillería y armas químicas marcó un antes y un después en las batallas, desatando todo tipo de secuelas y daños colaterales tanto física como psicológicamente en los soldados. Entre 1914 y 1918 murieron más de 40 millones de personas, siendo aproximadamente el 25% militares. Un final espeluznante, muy duro y en soledad, en el campo de batalla. Sin embargo, también esta guerra fue la primera en la que actuaron los llamados perros compasivos. Un cuerpo de canes entrenados precisamente para acompañar a los heridos en sus últimos momentos y salvar a los que pudieran ser atendidos a tiempo.

Una solución poco conocida, pero que se extendió más tarde en otros enfrentamientos, como la II Guerra Mundial o la Guerra de Vietnam.

La propuesta de Edwin Hautenville Richardson a la Cruz Roja

Todo surgió de la idea de un oficial del ejército británico, Edwin Hautenville Richardson, que tenía cierta experiencia con perros entrenados militarmente. Al encontrar oportunidades en la inteligencia canina, además del estrecho vínculo entre los canes y los humanos, trató de impulsar la iniciativa en su propio cuerpo, pero no tuvo éxito.

Tiempo después, planteó lo mismo a la Cruz Roja, conocida por sus relaciones y convenios internacionales de fines humanitarios. La entidad aceptó y fueron los alemanes los que hicieron los primeros usos de estas técnicas con alrededor de 6,000 perros adiestrados.

Los perros compasivos durante la I Guerra Mundial

Se les llamó perros compasivos o perros de la Cruz Roja. Tenían el objetivo de encontrar a los soldados heridos en el campo de batalla y facilitarles primeros auxilios con una mochila cargada de útiles médicos básicos.

Habían sido entrenados para distinguir los uniformes, de modo que solamente asistían a los soldados del propio bando. Podían diferenciar entre muertos y vivos, aunque estos últimos estuvieran inconscientes. Por lo que servían de gran utilidad para buscar ayuda y salvar a los heridos a tiempo. Cuando encontraban militares moribundos, se quedaban con ellos pacíficamente, acompañándolos hasta su muerte.

Los perros compasivos significaron la esperanza para muchos de los combatientes. En total, se estima que salvaron más de 100,000 vidas y ayudaron, definitivamente, a que algunas muertes fueran menos terribles.

Al final de la guerra, unos 50,000 perros compasivos sirvieron en batalla. Y en concreto, uno de ellos llamado Capitán, fue condecorado por haber ayudado a encontrar 100 soldados en una sola contienda.

La mayoría de los perros que auxiliaban hombres heridos eran pastores alemanes o doberman, razas conocidas por su gran inteligencia y capacidad de aprendizaje. Los que acompañaban a los moribundos en sus últimos momentos solían ser boxer, más leales y afectuosos.

Aunque se trate de un detalle poco conocido en una de la peores guerras de la historia, es un ápice de misericordia, compasión y amor venido de una de las criaturas más benévolas de la faz de la tierra. Los perros.

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