Nuestro cuerpo tiene una serie de comportamientos típicos, que usualmente relacionamos con el instinto, los reflejos y otras respuestas involuntarias. Algunos casos, como el vello y la piel erizados, se tratan de vestigios de la evolución y de la adaptación de la especie al entorno. Pero, ¿y las cosquillas? ¿Qué son y por qué nos hacen reír? ¿Por qué no todos sentimos las mismas, ni con la misma intensidad?

La respuesta está en la ciencia y en la psicología social.

Las cosquillas por definición

Todos sabemos qué son las cosquillas en un sentido representativo, pero no cuál es el proceso que se desencadena en nuestro cuerpo y cerebro para experimentar esa sensación.

Se trata de una percepción agradable que genera, en ocasiones, la risa involuntaria. Se activa con el contacto ligero o la presión en algunas partes del cuerpo, aunque también puede detonarse por condicionamiento, cuando el individuo cree que va a ser tocado.

Neurológicamente hablando, cuando se producen las cosquillas se activa la corteza somatosensorial del cerebro. Esta parte también se encarga de recibir, procesar y producir otros estímulos como el tacto, la temperatura, la propiocepción (consciencia de posición del cuerpo) y la nocicepción (consciencia de peligro).

Pero no todas las sensaciones de cosquillas son iguales ni tienen el mismo objetivo. Existen dos tipos.

Las cosquillas de tipo knismesis

Las cosquillas knismesis son una reacción primitiva e instintiva común en muchas especies animales. Se trata de la sensación de irritación causada por movimientos suaves sobre la piel, un mecanismo de defensa que protege, especialmente a mamíferos, de mordidas de insectos, parásitos y otras amenazas.

La respuesta del cuerpo, en estos casos, es el picor, que detona inmediatamente una acción en el sujeto. Por ejemplo, rascarse, y deshacerse así del peligro.

Esta secuencia de sucesos puede parecer obvia y evidente, pero el porqué de su existencia y de su naturaleza es, precisamente, la supervivencia. Es habitual en muchos animales como caballos, vacas, elefantes y, por supuesto, también en seres humanos.

Las de tipo gargalesis

El segundo tipo de cosquillas, denimonado gargalesis, es mucho más interesante de estudiar. Se da solamente en algunos mamíferos y tiene que ver más con la actividad gregaria y social de estas especies que con las reacciones automáticas del cuerpo.

Se producen por el contacto físico con otros individuos, especialmente si existe un lazo fraternal con ellos como amistad, pareja o vínculo entre madre y cría. Pueden provenir de cualquier parte del cuerpo y son las que habitualmente nos hacen reír a carcajadas.

No son propias solamente de los humanos, sino también de otros primates, entre otros mamíferos. Solo que no es tan fácil para nosotros identificar la risa en otras especies.

En esta clasificación de cosquillas, no solo está implicado el sistema nervioso y su respuesta a los estímulos cutáneos, sino la conducta social del individuo. Por esa razón, no es posible hacérselas a uno mismo.

Se trata de un comportamiento social instintivo que busca crear y fortalecer lazos sociales con otros miembros del grupo obteniendo un sentido de placer a cambio. Por naturaleza, el primero de estos vínculos es la relación con la madre. De ahí que sea tan frecuente la comunicación tierna del «cuchi cuchi» de los padres con sus bebés.

Estas cosquillas suelen disfrutarse, a diferencia de las otras que son una molestia. Pero implican además cierto componente, de nuevo evolutivo, que busca la supervivencia de la especie, en este caso, como cooperación social. Al tratarse de una actividad que se inicia desde los primeros años del individuo (tanto en humanos como en otros animales), sirve para entrenar habilidades defensivas y así aprender a proteger zonas vulnerables del cuerpo. Si analizamos el lenguaje corporal de alguien a quien están haciendo cosquillas, es totalmente de posturas defensivas. Un aspecto muy interesante de las respuestas de nuestro cuerpo.

El mito de las cosquillas, ¿pueden matar?

«Morirse de cosquillas» es una expresión habitual de quienes las sufren mucho. Pero, ¿esto puede ser cierto?

Desde el punto de vista fisiológico y médico, las cosquillas desatan reacciones que interfieren en la contracción y distensión involuntaria de los músculos, incluyendo los que controlan la respiración. Esto puede desencadenar espasmos e incluso asfixia en algunos casos.

El estrés que produce la sensación de cosquillas también puede ocasionar paros cardiacos, aunque esto solo suele suceder en casos con problemas de corazón.

Cualquiera de los dos escenarios es posible, sí, pero muy poco probable. Tanto, que no existe registro de casos de muerte por cosquillas, aunque se haya utilizado como método de tortura en algún momento de la historia.

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