Rock and Roll, Parte II. Raíces

Rock and Roll, Parte II. Raíces

3 marzo, 2013

No sabemos nada de África. Leer unos cuantos datos en la extraordinaria y digital wikifuente del saber o ver imágenes proyectadas desde la tronera amarilla de National Geographic es muy poco.

Yo casi no sé nada. Pero he conocido la historia que aquí trato de contar. Con la que he podido abrir mis ojos, oídos y mente a un abrumador infinito de sonidos y referencias.

Donde empieza el Rock and Roll

Muchos de esos representantes ridículos y magnates que gastan deshonestas cantidades para que su cliente sea tendencia y suene incesante en las radio fórmulas y otros medios, deben su trabajo y sueldo a lo que voy a describir.

Sí, he querido introducir mi discurso con esa meritoria mofa para hacer ver que la historia que desnudaré en estas ácidas líneas va a destronar dogmas e ideas de los que muchos hacen gala.

La música que envolvía a las gentes de la parte occidental del continente africano de la época no existía sin su disciplina adjunta, la danza. Las comunidades vivían y se desenvolvían rodeadas de cánticos y bailes en toda su actividad. Los que se dedicaban a ello de forma profesional, heredando vocación en generaciones, eran bien considerados y ocupaban sitios muy próximos a reyes y jerarcas.

La improvisación melódica era la piedra angular de sus creaciones. Cantante e instrumentalista inventaban un esquema musical breve y lo repetían añadiendo pequeñas variaciones. Era común que la voz principal emitiese un estribillo apoyado por dos o más en función de coro que respondían a la primera, y así surgió el método de la llamada – respuesta. Esta fórmula perpetuará su presencia reconocible en infinidad de estilos futuros.

La música y la danza eran sus formas de expresión y comunicación creativas, la única diversión y libertad que conservaron más tarde en la América colonial. Pero allí no hubo registro de su anterior actividad cultural. La obligación a integrarse en sociedades extrañas, adaptarse a la condición de esclavo, aprender nuevas lenguas, nuevos estilos de vida…, eran demasiadas tareas en una obcecada lista severa y exigente que debía cumplirse puntual y sin ayuda alguna. La voz de esta realidad eran el testimonio susurrante de periódicos coloniales, registros judiciales, epistolares, memorias y otras publicaciones asediadas en la clandestinidad.

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